Historia
de Alta Gracia, Córdoba
Don Juan Nieto, colaborador en la fundación
de la Ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía,
adquiere, en 1588, tierras en la zona de lo que hoy es Paravachasca.
Allí levanta casas, ranchos y corrales de piedra, nombrando
a la estancia Potrero de San Ignacio de Manresa.
Por el año 1609, su viuda se casa con Don Alonso
Nieto de Herrera quien, tiempo después, se convierte
en el único heredero. Es él quien bautiza las
tierras en recuerdo a un Santuario de Algarrovillas de Alconetar,
en culto a la Virgen de Alta Gracia, que pasó
a formar parte de la Compañía de Jesús,
donando todos sus bienes a la misma en el año 1643.
Al ser expulsados en 1767, sus bienes pasan a ser administrados
por una Junta de Temporalidades. Los esclavos son llevados
a Córdoba y la Estancia de Alta Gracia queda prácticamente
abandonada.
Pasó por muchas manos, hasta que en 1810, Victorino
Rodríguez se la vende al Ex Virrey Don Santiago de
Liniers y Remond. Al ser ejecutado su dueño, se convierte
en patrimonio de los herederos del Virrey, quienes no pueden
atenderla, entonces se la adjudica a Don José
Manuel Solares quién, en su testamento, afirma
la voluntad de crear una Villa.
El Gobierno Provincial crea el Municipio, el 14 de Enero de
1900. El 28 de Junio de 1940, por Ley 3849 y al alcanzar
los 10.000 habitantes, Alta Gracia se convierte legalmente
en Ciudad.
El progreso llega a la Estancia junto con los Jesuitas, quienes
construyen un tajamar. El 2 de diciembre de 2000, sus obras
arquitectónicas fueron declaradas Patrimonio Histórico
- Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
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